sábado, 11 de febrero de 2017

TODO TIEMPO PASADO ¿FUE MEJOR?

Suele suceder con frecuencia que ante circunstancias de nuestro hoy que nos desilusionan y perturban, citamos aquel tan viejo como conocido dicho popular: “porque todo tiempo pasado fue mejor”. Las noticias amargas, los desencantos, las promesas incumplidas, los negocios que no cerraron, los hábitos de conducta de las nuevas generaciones, la gran diferencia entre la forma de vida actual y la que nos tocó experimentar años atrás y un largo etcétera, forman parte de ese cúmulo de razones que le dan sustento a este enfoque, entendiendo que lo mejor de la vida ya pasó. 
Es probable que no creamos al 100% en esta máxima por más veces que la repitamos. Sin embargo es entendible que todos abriguemos entre nuestro recuerdos, hermosos momentos vividos al lado de personas a las que amamos ó etapas de nuestra vida en la que nos tocó gozar experiencias placenteras en un trabajo, un viaje, un proceso formativo u otras situaciones que marcaron favorablemente nuestras vidas. 
Los buenos momentos nos arrancan una sonrisa con su sola evocación y en ocasiones, en un abrir y cerrar de ojos, nos transportan a circunstancias de un pasado que ya no existe. Recordar no es negativo. Diría que lo inconveniente es quedarnos en el pasado y sacarle el protagonismo al presente. Nuestro pasado es nada menos que nuestra propia historia. Nuestra identidad se ha ido construyendo sobre esa base, cómo no considerar su importancia. Sin embargo, pese a ello, nuestro pasado no alcanza para definir quienes somos hoy y quienes seremos mañana. Día a día y con cada paso que damos, afirmamos nuestra personalidad, nuestro estilo, nuestra visión. Es decir, nos seguimos “haciendo” al caminar, no somos una obra concluida. Todos los días tenemos la oportunidad de ser mejores personas o no. La sola evocación del pasado no construye “per se” un futuro.  

Los seres humanos pasamos de la alegría al llanto como pasamos de la prosperidad a la necesidad o de la incertidumbre a la certeza. Vivimos inmersos en un mar en donde podemos encontrar de todo y no debe extrañarnos que estas variables sean parte de esa decoración marina subacuática. Experimentamos sentimientos de preocupación y sufrimiento mientras que paralelamente podemos estar pasando por un muy buen momento económico y ello generarnos satisfacción y deleite. Ambos estados extremos pueden coexistir en nosotros, una cosa no merma la otra.  La dinámica de una vida implica estos estadios. Asirnos más fuertemente a lo negativo es muchas veces consecuencia del impacto que estos sucesos han tenido en nosotros. Todo tiempo pasado tan igual como el hoy,  cuenta con altos y plenos momentos como con dolorosos y terribles momentos, algunos más trascendentes para unos que para otros. 

“La frase 'todo tiempo pasado fue mejor' no indica que antes sucedieran
menos cosas malas, sino que -felizmente- la gente las echa en el olvido. ”
Ernesto Sábato, (“El túnel”)

La tentación de la melancolía escondida detrás de la referida frase, nos permite avizorar en nosotros y en nuestro presente carencias: ausencia de afecto, de amistad, de contención, de éxito, de proyecto de vida, de sentido, y estas carencias influyen en nuestro carácter y en nuestro modo de responder ante la realidad. Ese pasado quizás añorado fue aprendizaje y crecimiento y si la nostalgia nos invade al evocarlo es probablemente porque algo de eso está faltándole a nuestro presente. 

¿Y el mañana qué? ¿Es que soñar es una etapa concluida propia de mi niñez o mi juventud? Mi mañana necesita de un hoy esperanzador, optimista, maduro, consiente de mí mismo y por sobre todo soñador. Los errores de ayer, los tropiezos, lo bueno y lo malo, todo, nos dota de sabiduría práctica, esa que no se aprende en aulas ni por emulación sino en la escuela de la vida. ¿Podemos entonces esperar un mañana mejor o no?  Yo creo que sí. Nuestro hoy es nuestro mejor momento si tomamos la decisión de vivir cada día con renovado entusiasmo (Carpe diem, vive el día como si fuera el último) y enfocados en proyectos que doten de sentido trascendente a nuestra existencia. Si nuestro pasado nos lega bellos recuerdos, es para que nunca le perdamos la fe a la vida, esa larga carretera que recorremos incansablemente y que en el momento menos pensado nos puede sorprender con vivencias inimaginables.

Finalizo con esta frase emblemática del inmortal Luis Alberto Spinetta, (músico y cantautor argentino),  incluída en el libro “Antología del Rock Argentino: la historia detrás de cada canción”, de Maitena Aboitiz (Ediciones B): “Mañana es mejor”.


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